En estos tiempos donde cada idea ha sabido encontrar un grupo de gente que la respalde o ataque y, a su vez, donde estos simpatizantes o detractores han encontrado la forma de protegerla o destruirla, se podría decir que estamos en la época dorada de la libertad de expresión, creación y destrucción. “[We]’ve been putting out the fire with gasoline”, diría David Bowie.
Los científicos que hace siglos afirmaron que la Tierra era redonda, esos mismos que pasaron de ser perseguidos a ser dueños de una verdad categórica, son los mismos que hoy deben volver a defender lo irrefutable frente a la Flat Earth Society que afirma, ganando adeptos, que la Tierra es plana.

Hay una pluralidad de opiniones nunca antes vista y una impresionante y accesible oferta de fuentes y medios para poder desarrollarlas y expresarlas, donde no sólo todo puede decirse, sino que todo precisamente se dice y discute, con o sin fundamento. Como decía un sabio abogado, el papel aguanta todo. Un escenario así pareciera ser el paraíso para el desarrollo de la propiedad intelectual, para la creación de todo aquello que pueda generarse en nuestro intelecto, sin límite alguno, pero esta supuesta época dorada ha traído de la mano constante conflicto, que más que promover la protección de las buenas ideas, en muchas ocasiones, ha terminado por castigarlas e invalidarlas.

En un proceso natural las mejores ideas van decantando e imponiéndose a las que no son tan buenas o derechamente erradas. El problema es que cuando cada idea es un fortín que no sólo merece ser escuchado sino que también sustentado y protegido para no ofender a quienes las plantean, la libertad de expresión empieza a herirse a sí misma y pasa a ser la fuente que alimenta a los intolerantes, que no respetan las buenas ideas de los demás, que las bloquean y que exigen su censura o adecuación por el solo hecho de ser contrarias a las suyas, aunque sean mejores. Carly Simon sabe reconocer el talento personal, sin descalificarlo porque provenga de su antagonista: “Nobody does it better, makes me feel sad for the rest”, “How’d you learn to do the things you do?” …y Michael Jackson afirmará: “It’s true”, “either you’re wrong or you’re right”… “it doesn’t matter if you are black or white”.

Este fenómeno desbordado que vivimos hoy modifica el proceso de selección natural de ideas, que es el que permite el desarrollo y nos acerca, en cambio, a un tiempo mucho más obscuro, donde todo puede estar restringido, criticado y destruido, sin importar su valor, conveniencia o importancia. Que varias verdades incompatibles y muchas veces irracionales deban coexistir forzadamente, nos lleva inevitablemente a periodos donde sólo se considera como verdad la propia. Tina Turner sabe distinguir lo que es mejor dentro del proceso creativo: “You’re simply the best, better than all the rest. Better than anyone, anyone I ever met”.

Las creaciones deber seguir siendo respetadas, pero desde el momento en que una creación necesariamente debe limitarse por otra para tan sólo existir, es que el progreso se enreda. Las ideas deben fluir libremente en todo sentido, se las debe dejar crecer, alzarse gloriosas y triunfar de la mano con los hechos que las respaldan, o caer desde lo alto, cual Ícaro herido, y hundirse en el mar del olvido, cuando chocan con lo evidente: “ ‘Til the landslide brought me down”, diría la inolvidable Stevie Nicks. Sólo a través de este doloroso proceso creativo, de este balanceo natural, es que logramos avanzar como sociedad.

Si todas las ideas se clavaran en concreto, si todo necesariamente tuviera un espacio asegurado por siempre, las ideas ya existentes nunca podrían seguir desarrollándose y otras nuevas no tendrían cabida, por ser contrarias a las que ya existen, gozando de una suerte de “dignidad” perpetua que no puede ser refutada para no ofender a quienes las concibieron. Siempre habrá ideas mejores que otras, las que pueden ser nuevas o antiguas, y debemos estar abiertos a reconocerlas y a soñar un mundo mejor, independientemente de quiénes sean sus creadores. Nancy Sinatra nos alerta al respecto: “This dream is for you, so pay the price. Make one dream come true, you only live twice”.

En este sentido, la propiedad intelectual es un parámetro fundamental de medición. Si a través de ésta protegemos precisamente la materialización de nuestras ideas, no es extraño entonces que los países que tengan una amplia protección de la propiedad intelectual sean también social y económicamente desarrollados. Cuando se le otorga una adecuada protección a los frutos de nuestro intelecto, logramos un doble fin: a) se permite generar progreso, se incentiva la creación de nuevas ideas en todos los niveles socio-económicos y b) la protección a la vez es limitada, abriéndolas luego al dominio público, para su constante perfeccionamiento por parte de otros. Bien es sabido que quitar la protección a la propiedad intelectual puede terminar ahogando el desarrollo, pero una protección excesiva puede también sofocar ese desarrollo.
En palabras de la gran Aretha Franklin, “all I’m asking is for a little respect”.

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